22/8/15

Capítulo 14 - Sara


Capítulo 14

-¡Clara!
Oí la voz de Derek gritar detrás de mí, llegó a donde me encontraba, aun frente al instituto con la mirada perdida, temblando de frío y miedo.
-¿Te encuentras bien?¿Que sucedió?¿Estas herida?- Me preguntó en un frenesí de desesperación y preocupación.
Me miró de arriba abajo, desde mi tobillo lastimado hasta las magulladuras que tenia en los brazos por la caída. Me miró a los ojos, el azul de los suyos era un remolino de preocupación y cariño.
Posando su mano con delicadeza en mi mejilla, repitió:
-¿Qué pasó?
-Solo quiero ir a casa.- Susurré con la voz rota. Este día había estado suficientemente cerca de la muerte, en la incertidumbre, solo necesitaba algo a lo que sostenerme para poder seguir adelante con esto.
-Antes te llevaré al hospital.- Me dijo con voz firme antes de tomarme en brazos y llevarme hasta el auto.
Así era Derek, siempre práctico. Sabía cuando yo no quería hablar sobre algo, y me daba el espacio y tiempo para que conversara sobre ello con él cuando me sintiera lista.
Me acurruqué contra su pecho, y cuando se disponía a dejarme sobre el asiento trasero, me aferré a él. Necesitaba su compañía, al menos solo por este momento. Solo por hoy.
-Clara, tenemos que ir al hospital. – Me susurró en el oído al tiempo que me acariciaba el cabello con la única mano que tenía libre.

No dije nada, y entonces una voz extrañamente familiar dijo:
- Si quieres yo puedo conducir, parece estar en Shock.
Entonces comprendí de quien era la voz que oí de fondo cuando llamé a Derek por teléfono: Se trataba de Dylan, su hermano mayor.
Cerré mis ojos, no pregunté por qué Dylan estaba aquí con nosotros en lugar de en la Academia Militar, supongo que tenía permiso para salir de aquel internado o simplemente se trataba de las vacaciones de invierno. Sea como fuera, agradecí su presencia, porque gracias a él, Derek se deslizó en el asiento a mi lado y cerró la puerta tras de sí.
Oí los portazos de cuando Dylan se cambió del asiento del copiloto al del conductor, y entonces el auto empezó a moverse.
Me encontraba sentada en el regazo de Derek, con la cabeza apoyada en su pecho, ambos brazos alrededor de su cuello (aforrándome a él), y las piernas extendidas casi por completo en el resto del asiento, mi oreja izquierda estaba pegada a su pecho por lo que podía oír el latido ligeramente acelerado de su corazón. Derek se mantuvo todo el camino hasta el hospital abrazándome, dándome un refugio en sus brazos que tanto necesitaba en ese momento. La sensación de tranquilidad y seguridad se fue extendiendo poco a poco por todo mi cuerpo, y sin darme cuenta caí profundamente dormida con el arrullo del corazón de Derek de fondo.
*****
Cerré con cuidado la puerta de mi casa, intentando hacer el menor ruido posible. Lo último que necesitaba era que mamá me encontrara con este aspecto de haber sido atropellada por un camión.
Después de pasar toda la tarde en el hospital, con un tira y afloja con los doctores para que no llamaran a mis padres e inventarme una historia creíble de cómo terminé con un esguince en el tobillo y rasguños en los brazos, por fin logré convencerlos de que no estaba intentando huir de casa y me dejaron ir de mala gana cuando el cielo estaba mas oscuro que la boca de un lobo.
Me encontraba hambrienta, en el hospital, Dylan nos había comprado hamburguesas para almorzar, pero de eso yacía más de un par de horas. Fui directa a la cocina y tomé un paquete de galletas oreo de la alacena, para después dirigirme a mi habitación con mucho sigilo.
Cerré la puerta con llave y luego me dirigí hacia la ventana para cerrar el pestillo y correr las cortinas. Temía que el asesino de Sara pudiera estar allá fuera, observándome.
Me senté en el escritorio, y luego saqué la carta del asesino. Abrí el diario de Sara, un cuaderno y una pluma, ahora escribiría todo aquí para tener todo organizado y así no perder nada importante.
Releí el acertijo en voz baja mientras lo transcribía en el cuaderno para empezar a resolverlo:
Lo borrascoso de la Vida te hace pensar,
En como la historia quedó plasmada en ellos,
Los ignorantes los evaden,
Pocos los utilizan para evadir la realidad,
Y otros sólo quieren su información,
Pero eso no es de importancia,
Porque cuando escalas una empinada montaña,
Solo puedes pensar en su cumbre.
Muy bien, piensa Clara, ¿Dónde queda plasmada la historia? ¿Qué es lo que los ignorantes no evitan? Ser ignorante es desconocer algo y carecer de una información, por lo que para dejar de serlo se tendría que investigar sobre ello que se desconoce.
Escribí la palabra información en el cuaderno junto a la frase Los ignorantes los evaden. Vale, sigue pensando ¿Qué utilizan algunas personas para evadir la realidad? ¿Información de qué quieren la personas?
Miré un momento el diario de Sara, él contenía información y también parte de su historia estaba plasmada en ella...Negué con la cabeza, rechazando esa teoría. Sólo yo quería la información de ese diario, y el acertijo generalizaba a más de una persona.
Pero al rechazar esa teoría lo vi claro: Los libros. La historia se plasmaba en los libros, si una persona desconoce algo busca la información en ellos, algunas personas leen libros para olvidar la realidad, y otras personas leen los libros para enriquecer sus conocimientos y obtener toda la información que estos puedan aportarle. ¡Claro!
Escribí la palabra libros bien grande en el cuaderno. Pero, ¿de que libros se trataba? Me obligué a tranquilizarme al recordar que aun quedaban tres líneas del acertijo que descifrar: Lo borrascoso de la Vida te hace pensar Porque cuando escalas una empinada montaña, Solo puedes pensar en su cumbre.
Solté un suspiro mientras estas palabras inundaban mi mente, empecé a girar despacio en la silla de escritorio, vagando la mirada a mí alrededor.
-Borrascoso, vida, pensar, escalar, montaña empinada, cumbre- Susurré estas palabras mirando mi estantería de libros, y entonces la bombilla en mi cerebro se encendió- Borrascoso, cumbre. ¡Cumbres Borrascosas!¡El libro Cumbres Borrascosas! – Exclamé levantándome inmediatamente de la silla y corriendo hasta mi gran estantería que cubría toda la pared.
Todo buen lector conoce su biblioteca personal casi como la palma de su mano, por eso encontré el libro al instante. Que suerte que no había reorganizado los libros en más de un mes.
Abrí el libro y busque entre sus páginas con rapidez y delicadeza, no queriendo que sufriera ningún daño. Encontré un sobre oculto entre la página 162 y la 163. El libro era edición de bolsillo por lo que el sobre era pequeño también. Pero justo antes de sacar el sobre, me fije en una frase del libro que estaba subrayada...Yo nunca subrayo mis libros.
Leí en susurros;
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4 comentarios:

  1. Hola
    Ay, sabes que aun no leí los anteriores capítulos y debo hacerlo.
    Me pondré al corriente, así para el próximo capitulo ya te puedo comentar como es debido.
    Saludos
    Besos de tinta y Corazones de papel (Cadena de comentarios)

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  2. Hola, paso por encima pues no he leido nada de este relato, a ver si me pongo con el primer capitulo, gracias.

    sara - cadena de comentarios - B.V.

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  3. Hola: un relato con mucho sentimiento. Acabo de descubrir tu blog y me gusta mucho la variedad de temas que tratas en relación con los libros. En este momento tengo un blog dedicado a los jóvenes y nuevas tecnologías que te invito a visitarlo: http://cativodixital.blogspot.com.es/ . Si quieres seguimos en contacto. Yo ya me hice seguidora de tu blog.

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  4. ¡Estoy deseando seguir leyendo!

    ¡Besos!

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